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  • José Luis Bermúdez

¿Qué significa amar sin condiciones?

Si sientes que estás haciendo un esfuerzo extraordinario para cuidar tu relación, sin recibir respuesta u obtener cierta reciprocidad por parte de tu pareja, posiblemente las siguientes reflexiones te puedan ayudar a observar el tema desde diferentes perspectivas.


Me atrevo a afirmar que, en la sociedad occidental que conozco, nos educamos y crecemos reclamando lo que necesitamos basados en nuestros instintos de sobrevivir, pertenecer y trascender. Esto forma parte de nuestra condición humana.


Desde una perspectiva transaccional tendemos a valorar todo lo que damos y recibimos a cambio en función de lo que hemos entregado. Bajo esta dinámica observamos a los demás valorando si es justo lo que estamos recibiendo, sea bien unas palabras de aprecio, un presente o una caricia. No somos conscientes de que desde este enfoque, la reciprocidad es una moneda de cambio.


El saber pedir lo que necesitamos y también ofrecer al otro lo que necesita son parte de nuestra capacidad básica para relacionarnos, y es importante cuidar el equilibrio entre ambos.


Recordando que todo comportamiento en defecto o en exceso puede representar una limitación, el no saber pedir nos condiciona para obtener lo que realmente queremos. Asimismo, el no saber ofrecer, hace que no se nos perciba como una persona cercana y empática. En ocasiones, veo personas a las que les cuesta mucho pedir y que viven dedicados a ofrecer, provocando en los otros una sensación de estar en deuda.


Teniendo en cuenta estas primeras reflexiones... ¿Cómo está tu cuenta corriente entre el dar y el recibir?


A veces pensamos que recibimos menos de lo que hemos dado o bien de lo que esperábamos a cambio, generando frustración, sufrimiento y resentimiento en la relación. Es entonces cuando nos sentimos injustamente tratados. Además, este modo de funcionamiento nos requiere estar controlando el balance de nuestra cuenta permanentemente.


¿Se te ocurre algún ejemplo personal en este momento en el cual te ves claramente reflejado?

Entonces, ¿qué otra perspectiva puede haber diferente a la reciprocidad?

La respuesta está en la incondicionalidad de la acción.


Cuando estamos conectados y vivimos de acuerdo con nuestro propósito, tanto para lo que queremos en la vida como para nuestras relaciones, el ofrecer y dar para buscar el bienestar del otro sin esperar nada a cambio encuentra sentido en gran medida.


Para ello es importante trabajar sobre nuestro auto-conocimiento, para clarificar sobre cuál es nuestro propósito tanto a nivel individual como de pareja, a fin de vivir en consecuencia con ellos, respetando el desarrollo de cada uno en la relación.


Bajo esta consigna, se trata de dar y ofrecer buscando el bien común y lo que les sirve a todos con la intención de llevar la relación a una “armonía” o “verdad” compartida que genera mayor claridad y transparencia.


En este contexto, no hay control sobre la cuenta para ver cuánto hemos dado y recibido. Las personas no perciben que están en deuda o bien que son acreedores de nada.


Bajo esta forma de vivir aparecen el fluir y la sincronicidad en las relaciones como unos de los claros beneficios, sobre la que han escrito Mihaly Csikszentmihalyi (reconocido profesor en psicología) y Joseph Jaworski respectivamente. Si aún no les has leído, te invito a hacerlo.


Desde mi experiencia y siendo congruente con esta actitud, frecuentemente la vida me devuelve oportunidades que son regalos de muchas formas. Lo importante es estar presente para tomar conciencia de ellas.


Esto significa que he abandonado totalmente las dinámicas asociadas a la búsqueda de reciprocidad. La respuesta es que aún NO. No obstante, elijo cada vez más vivir mis relaciones desde la incondicionalidad.


Finalmente, cada uno experimenta y decide.


¿Qué quieres probar tu?



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