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  • José Luis Bermúdez

Actualizado: 13 de nov de 2019


¿Cómo observamos la realidad en nuestras relaciones?


Si te has encontrado muchas veces discutiendo sobre un tema tratando de convencer al otro sobre cómo no consigue ver una realidad que es evidente para ti, te invito a reflexionar sobre las siguientes preguntas no triviales…


¿Cuántas realidades hay?


Personalmente me atrevería a decir que tantas como personas, dado que cada uno percibe, siente e interpreta lo que observa lo que pasa de acuerdo a sus propios paradigmas basados en sus experiencias previas, valores y creencias.

Esto significa que cada uno puede estar viendo una perspectiva o cara de un mismo prisma o figura, pero interpretando algo totalmente diferente a lo que ve el otro.


¿Qué estamos haciendo cuando apelamos a la objetividad?


Cuando interpelamos al otro afirmando “no ves este tema de forma objetiva”, usualmente lo que estamos provocando es forzar al otro a que vea la realidad como yo la estoy observando.


Haciendo referencia a Humberto Maturara, un reconocido biólogo e investigador sobre la evolución, y la relación entre la psicología y la biología, escribió en 1985 una publicación a la que tituló “LA OBJETIVIDAD: un argumento para obligar”, en la que plantea que el término “objetividad” es utilizado para obligar a los otros a ver y aceptar nuestro punto de vista.

La respuesta al reclamo de la objetividad frecuentemente genera un impacto reactivo de protección, provocando distanciamiento o bien actitud crítica sobre el tema, o bien de complacencia para evadir el conflicto en la relación de pareja.

Estas respuestas están asociadas a nuestros instintos básicos de sobrevivir, pertenecer a un grupo y de trascender. Bajo estas premisas les invito a estar atentos a la utilización de la “objetividad” como argumento.


Entonces, ¿cómo podemos ponernos de acuerdo sobre la realidad?


Desde mi experiencia este ejercicio lo conseguimos desde la humildad para reconocer nuestras limitaciones y sesgos, y desde la empatía y escucha para ponernos en el lugar del otro de forma proactiva y generosa, a fin de percibir, sentir y llegar a comprender la realidad que está observando el otro. En ese momento, tendremos la capacidad de observar el prisma o figura de una forma integral para llegar a consensuar lo que es real para ambos.


Sin embargo, ¿qué pasa cuando lleguen una tercera o más personas con las que también nos relacionamos? Recordemos que ellas vienen también con sus propios paradigmas y formas de observar la realidad. En consecuencia, este es un ejercicio constante que necesitamos integrar a la forma en las que nos relacionamos, evocando constantemente la curiosidad sobre cómo los otros ven e interpretan lo que está pasando.


En este tipo de situaciones, frecuentemente recuerdo el segundo acuerdo que nos propone D. Miguel Ruiz en su libro “Los Cuatro Acuerdos”, es importante “no tomarnos nada personalmente” ya que en las discusiones cuando compartimos nuestros juicios sobre temas y sobre el otro, estamos todo el tiempo hablando sobre como nosotros observamos la realidad, y no lo que el otro es, o lo que el tema es realmente.


Bajo estas premisas, me atrevo a afirmar que podemos desarrollar nuestras relaciones de forma más consciente, reconociendo todas las perspectivas que puede haber en cada momento.

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  • Camila Bennett

Actualizado: 13 de nov de 2019


¿Qué significó para mí?


Cuando hace 4 años se fue mi hijo mayor de casa fue difícil para mí y, al mismo tiempo, sentí alegría por verlo volar y disfrutar de esa nueva etapa de su vida.

Hace 2 años mi hija se marchó. Y volvió a ser difícil también, y un orgullo verla partir y desarrollar su independencia…

Ambos sacaron de su mochila todo lo que fueron aprendiendo durante años en casa, en el

colegio y en su corta vida y se fueron volando a otro país. Pasan los años y cada vez estoy más convencida de que la vida me prestó dos seres maravillosos a los que pude amar, alimentar, educar y cuidar unos años… y lo hice con amor.

De repente, miré a mi alrededor y ya no estaban a mi lado, ya no se trataba simplemente de llamar y que contesten, o ir a sus habitaciones y encontrarles en sus camas, escritorios, con sus ordenadores o sus móviles… ya no había inmediatez en el poder verles, darles un beso, hablarles… mi nido estaba vacío de polluelos, habían volado y lejos. Y yo busqué redefinirme.

Me dí cuenta de que yo existía. Ahora tenía tiempo para mí. Y me empecé a poner en la lista, a mis casi 50 años pasé a ser uno de los puntos de esa lista de cosas pendientes de hacer que todas tenemos. Cuántas veces miras la lista, llena de tareas pendientes y…¡Tú no estás en ella!

No pensamos en si queremos o en si necesitamos algo. Simplemente estamos en automático haciendo lo que nos demandan nuestros trabajos, nuestro rol de madre, esposa, amiga, hija… Y mi problema ya no era tener tiempo para mí sino saber qué era lo que yo quería o necesitaba… Durante años no me lo había planteado porque no había sido parte de la lista. Cuando una va al supermercado elige pensando en esas personas que buscamos alimentar, mimar… Cuando decidimos las actividades del fin de semana lo hacemos en base a lo que la familia quiere.

Y tenía y tengo dos opciones: ir por los rincones llorando y lamentando o disfrutar de lo que soy, de mi tiempo libre, de elegir lo que quiero y necesito. Elijo lo segundo y lo hago con convicción. Por supuesto algunos días son difíciles y tristes sobre todo cuando vuelven a casa unos días y parten nuevamente y me vuelvo a quedar sola…

¿Sola en casa? No, no estoy sola. Tengo a José Luis, mi compañero desde hace 30 años. Y volvemos a ser él y yo. Es en este momento en el que uno toma conciencia de que como hayas cuidado tu pareja en los años anteriores al quedarte con el nido vacío es lo que hará que esta etapa sea más llevadera. Lo fue para mí. Nuestra relación es y era muy fuerte en ese momento. Por supuesto que hemos pasado años malos. Sin embargo, hablar y escucharnos ha sido crucial para nosotros.

El nido vacío tiene por supuesto momentos difíciles y también es una oportunidad para disfrutar de la vida.


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  • Conecta con tu pareja

Actualizado: 20 de nov de 2019

Crear una conexión saludable y sincera en un entorno de naturaleza único.


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