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Actualizado: feb 7

¿Cuáles son los valores en los que basamos nuestras relaciones?


Damos por sentado que vivimos nuestras relaciones compartiendo valores de forma implícita con los otros, pero esto no siempre es así.

Podemos evidenciarlo, al surgir conflictos cuando percibimos que algunos de nuestros valores profundos están en riesgo, reaccionando de diferentes formas a lo que esté pasando.

Muchas veces las relaciones se estancan cuando la conexión a través de los valores no está funcionando; Y al igual que las aguas que no circulan empiezan a oler desagradable, cuando alguno de los participantes en la relación renuncia a vivir en congruencia con los valores que constituyen su identidad, llegando a la resignación y renunciando a tener voz manifestando lo que piensa y siente, esta situación en algún momento emerge de forma inesperada con consecuencias que llevan a la ruptura y el distanciamiento.


Siguiendo esta línea de pensamiento, cuando las relaciones están descompensadas, me atrevo a afirmar que aparece la tolerancia como dinámica para eludir y postergar los conflictos, lo que implica también cierta forma de renuncia a ser consecuentes con nuestros valores y deseos.


Entonces, cuando pensamos en la pregunta anterior, ¿qué respuesta nos damos?

Muchas veces escucho como respuesta que el amor, la generosidad, la honestidad, la integridad, la transparencia y la lealtad son ingredientes fundamentales para que las relaciones se consoliden y perduren en el tiempo. Sin duda estos ingredientes son parte de cimientos sólidos para todos cuando los compartimos.


No obstante, mirando en retrospectiva me gustaría resaltar tres valores que desde mi punto de vista, hacen que las relaciones puedan evolucionar en el tiempo, facilitan nuestro aprendizaje y el crecimiento de nuestra conciencia como personas.


  • El primer valor es la libertad, para pensar y comportarnos de acuerdo con nuestra voluntad. Concebida como la ausencia de opresión. Compartir la libertad como valor, nos permite no tener que resistir al entorno tratando de protegernos; y en las relaciones se manifiesta desde la profunda aceptación del otro tal y como es para que pueda manifestar todo su ser sin restricciones.


  • El segundo valor es el respeto, que nos permite considerar y valorar al otro teniendo en cuenta todas sus diferencias. Se trata de reconocer al otro en la relación tal cual se manifiesta generando el espacio y el contexto en el cual se pueda expresar con plenitud.


  • El tercero y muy relevante es la compasión, que nos hace más humanos y sensibles a las experiencias de los otros. Desde mi perspectiva es más que una emoción frente a algo que estoy observando. Representa la capacidad de percibir como los otros viven lo que está sucediendo y poder empatizar con ellos para acompañarlos en su proceso sin juzgarles.

Sin estos tres ingredientes en nuestras relaciones nos limitamos para poder evolucionar, a fin de alcanzar otros niveles de conciencia, en el cual todos podemos disfrutar del fluir con plenitud y sin restricciones.


Teniendo en cuenta estas reflexiones, os invito a pensar sobre los valores que deseamos honrar en nuestras relaciones en cada momento. De esta forma podremos nutrir los comportamientos saludables en nosotros mismos y también en los otros.


Se trata finalmente de construir reglas de juego claras para todos en la relación, creando certeza y contrastando nuestras suposiciones.


  • Camila Bennett

Actualizado: ene 20

Cada día algo nuevo comienza, cada día es diferente, cada hora, cada minuto… es algo nuevo, un momento que se presenta por primera y única vez.

Así cuando empezamos un nuevo año solemos plantearnos cambios y nuevos objetivos… a mí se me junta con un año más de vida (cumplo años el 1 de enero)… me gusta revisar, a ser posible junto a mi familia, aquello que fue especial en el año que ha terminado, esos detalles que me hicieron crecer, lo que me hizo reír, llorar, emocionarme… Y también curioseamos y nos preguntamos sobre todas las cosas que queremos en nuestras vidas en el nuevo año que empieza.


Cambios que queremos hacer en nosotros, en quiénes somos y lo que construimos en nuestras relaciones. Nos planteamos objetivos como ir al gimnasio, nuestra alimentación, a qué destinaremos el tiempo libre… Y para nuestras relaciones solemos plantearnos viajes, tal vez pasar más tiempo con quiénes queremos, compartiendo actividades, por ejemplo, buscamos cosas que nos permitan cambiar, mejorar, llevar a otro nivel nuestra relación en pareja o con nuestros hijos o seres queridos.


Hay etapas en nuestras vidas que van a velocidades demasiado rápidas y que no nos permitimos disfrutar… cuando llegamos a un lugar, ya estamos casi al instante pensando en el siguiente… y tal vez no disfrutamos del lugar al que llegamos y en el que tanto ansiábamos estar. No nos permitimos sentir ese momento de nuestras vidas y vamos con nuestras mentes y emociones directamente a la siguiente etapa, como si huyéramos de sentir, de disfrutar…

Creo que deberíamos disfrutar más del camino, de lo que vivimos y sentimos cuando estamos yendo hacia el destino buscado o hacia el objetivo planteado. No nos permitamos llegar sin saber cómo… ¡Disfrutemos de este nuevo año y de nuestros retos a cada momento!No esperemos al 31 de diciembre para pensar en el año transcurrido.


Vivamos cada día.

Vivamos con intensidad al llegar a algún lugar, a la meta, o al conseguir algún objetivo… Sintámonos felices con nuestro logro antes de empezar con lo que sigue. Demos espacio en nuestra vida al regocijarnos con lo conseguido, un espacio a ser curiosos con lo aprendido en el proceso, un espacio para reconocer aquello que nos hizo sentir y reconocer las emociones surgidas en el camino y al finalizar.

Celebremos cada final de etapa de forma especial.


Yo me permití en las fiestas navideñas estar y vivir cada momento… porque cada momento, cada instante es irrepetible. Cuando estamos presentes en cada momento las personas que nos rodean lo notan, lo sienten, lo agradecen…


Disfrutemos de este nuevo año, de nuestros nuevos retos tanto personales como los conseguidos por nuestras familias y parejas y hagámoslo en cada etapa, en cada instante…


  • Camila Bennett

Actualizado: 20 de dic de 2019


Para mí las fiestas son un momento de reencuentros, de extrañar, de alegría y añoranza... Hay años en los que podemos viajar, ver a la familia y disfrutar con ella, y otros, en los que estamos sólo el núcleo familiar y también disfrutamos de todo lo que esas fechas significan.


Es un período del año en el que compartir es casi lo esencial. Y también es una época donde tenemos mayor sensibilidad en nuestros cuerpos y en nuestras emociones, en parte porque es un tiempo de estrés (compras, viajes, cenas y comidas ...), en el cual solemos recordar a aquellos que no están, o extrañar a los que tenemos a miles de kilómetros, y por muchos otros motivos, aunque éstos últimos son los míos.

Me gusta saber que doy espacio a todas las emociones que llegan a mí, está bien, no siempre nos permitimos sentir sin juzgar si lo que sentimos está bien o mal.


Soy de las que le gusta abrir los regalos el 25, soy de las que se pone algo especial para la noche del 24 y 31... soy de las que nunca cena lo mismo en Nochebuena, ni en Nochevieja... me gusta la variedad como ya os he contado en post anteriores y me gusta saber que cada año esas noches son especiales.

Creo que estas fechas que son tan destacadas en el calendario debo aprovecharlas para querer y dejarme querer, para compartir, para reír y llorar...


Querer y dejarme querer, es para mí no solo estar lista para cocinar o estar pendiente de los demás sino, practicar el pedir ayuda para no sentir ese estrés tan presente en estas fechas, dejar que todos participen en la preparación de esos días que compartiremos juntos.

Compartir es fundamental, hay algo que me gusta hacer en estas fechas y es que todos compartan sus experiencias del año, y ¿cómo lo propongo?. Pido que cada uno cuente los 3 mejores momentos del año que termina y en una segunda ronda los 3 objetivos o propósitos importantes para el siguiente año… el resto simplemente escucha, ESCUCHA. Cada uno comparte abiertamente y sin miedo a ser juzgado, esos momentos y deseos especiales que quiere cumplir.

Reír y llorar, si puede que todo esté presente y casi al mismo tiempo y desde mi punto de vista eso está bien. Tiene que ver con esa sensibilidad tan a flor de piel que está presente en estas fechas. Por ejemplo, este año mi hijo mayor no podrá estar con nosotros en Navidades y eso nos trae un poco de tristeza y sin embargo si está nuestra hija y la alegría de tenerla también está muy presente... forma parte de lo hablado en el nido vacío, las nuevas experiencias que vamos viviendo cuando vuelan nuestros hijos... cuando permitimos que lo hagan.


¡Ahora a disfrutar! Disfrutemos de nosotras mismas, de nuestras familias y seres queridos, de las comidas que preparemos o nos preparen, y de los lugares a los que vayamos.


¡FELICES FIESTAS A TODOS!


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